Las estrategias geopolíticas de las grandes potencias han impactado significativamente en la reconfiguración del equilibrio internacional actual. Estados Unidos, por ejemplo, fue el arquitecto del orden internacional surgido tras la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, con sus directrices actuales, está socavando los cimientos del mismo sistema que ayudó a construir y que lideró como potencia hegemónica tras el fin de la Guerra Fría. Por otro lado, la estrategia de China ha ido reconfigurando de manera sostenida los equilibrios de poder global. Se ha consolidado como un actor indispensable, particularmente por su expansión económica, asumiendo un rol preponderante y aumentando su esfera de influencia en otras regiones del mundo, como Latinoamérica y África. La Unión Europea, en tanto, descansó durante décadas bajo el paraguas de seguridad brindado por Washington. Hoy se ve forzada a adoptar una estrategia diferente, tendiente a consolidar una mayor autonomía estratégica, en un proceso estructural complejo que tomará años en materializarse. Finalmente, Rusia optó por una estrategia que implicó la invasión directa a Ucrania, un conflicto prolongado más allá de sus planificaciones iniciales. Con estas decisiones, Moscú ha gatillado un profundo reequilibrio en el orden internacional, forzando un reordenamiento y una reevaluación de la defensa, sobre todo en el continente europeo.