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La nueva ley transforma profundamente el rol operativo del personal de seguridad. Antes, muchos guardias o vigilantes se enfocaban en tareas básicas de control y presencia disuasiva; ahora, su trabajo estará más regulado, profesionalizado y documentado.

Mayor formación y acreditación: cada trabajador deberá tener capacitación certificada y acreditación vigente otorgada por la autoridad. Esto eleva los estándares, pero también exige capacitación continua y actualización de conocimientos.

Protocolos estrictos de actuación: deberán seguir normas claras sobre el uso de la fuerza, trato al público, protección de datos, manejo de emergencias y comunicación con las autoridades.

Uso responsable de tecnología: quienes operen cámaras, alarmas o sistemas de control de acceso deberán cumplir normas sobre protección de datos y trazabilidad.

Mayor responsabilidad individual: las infracciones o incumplimientos pueden acarrear sanciones personales y para la empresa, lo que aumenta la exigencia profesional y la necesidad de reportar correctamente incidentes o irregularidades.

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