En mi entorno es posible identificar acciones que responden tanto al enfoque de seguridad pública como al de seguridad ciudadana. Desde la perspectiva de la seguridad pública, destacan -en un contexto donde el Estado es el encargado de articular las redes de seguridad- los patrullajes preventivos de Carabineros, los controles de identidad y tránsito, la investigación de delitos por parte de la PDI y la persecución penal realizada por el Ministerio Público. Estas acciones buscan mantener el orden público, hacer cumplir la ley y sancionar a quienes cometen delitos, mediante el ejercicio legítimo de las facultades del Estado (fuerza), que es la principal diferencia con la seguridad ciudadana, enfocada en iniciativas preventivas -más que reactivas o de persecución penal como en lo público- desarrolladas por los municipios y también por la comunidad a través de la instalación de luminarias, cámaras de vigilancia, recuperación de espacios públicos, comités de seguridad vecinal, entre otras. Estas medidas, que integran aspectos sociológicos y criminológicos, entre otros, buscan reducir los factores de riesgo, fortalecer la cohesión social y aumentar la percepción de seguridad en las personas. En síntesis, ambos enfoques son complementarios, ya que mientras la seguridad pública responde y sanciona el delito, la seguridad ciudadana procura prevenirlo y fortalecer la convivencia, generando entornos más seguros y resilientes.